DÍA DE LOS ABUELOS
Cada 19 de junio, mientras escolares y liceales prometen y juran la bandera y el país recuerda el nacimiento de José Gervasio Artigas, los uruguayos celebramos también el Día del Abuelo. No es casualidad que ambas conmemoraciones coincidan. La Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay eligió esta fecha en homenaje al prócer, considerado simbólicamente el “abuelo de la patria”.
A diferencia de otras fechas del calendario comercial, como el Día de la Madre o el Día del Padre, esta no se mueve. Se mantiene fija año tras año, atada al feriado laborable y al peso histórico de ese día. Esa coincidencia le suma un significado especial, ya que junta la memoria patria con el afecto cotidiano hacia quienes han ido construyendo, generación tras generación, nuestras historias familiares.
Y los abuelos, en Uruguay, ocupan un lugar protagónico. Somos uno de los países más envejecidos de América Latina. El último Censo confirmó lo que veníamos viendo en el día a día. Más de 800 personas superan los 100 años, y los mayores de 65 representan casi un quinto de la población. La esperanza de vida supera los 80 años en mujeres y se acerca a los 74 en varones. Detrás de esos números hay abuelas y abuelos activos, presentes, que cuidan nietos, sostienen rutinas familiares y, muchas veces, también la economía del hogar.
En Atlántida y la Costa de Oro, esa presencia se siente en cada rincón. Muchos jubilados han elegido nuestros balnearios para vivir y son esos rostros conocidos en las panaderías, en las farmacias, en las plazas o a la salida de la escuela. Son los que paran a charlar en el mostrador, los que vuelven al mismo comercio desde hace décadas, los que mantienen vivo ese vínculo barrial que distingue a nuestros barrios de la vorágine de “la capital”.
El Día del Abuelo es una buena excusa para devolver algo de eso. Una visita, una llamada, una merienda compartida, un regalo elegido con cariño en alguno de los comercios de la zona. Los gestos no necesitan ser grandes. Es más, los pequeños suelen ser los que mejor se recuerdan.
A cada abuela y a cada abuelo de la costa canaria, desde Revista Centro, un apretado y afectuoso abrazo.



